La Iglesia Gracia Soberana existe para proclamar el evangelio de Jesucristo a fin de que toda persona le conozca, le ame, se convierta en un discípulo suyo y se integre activamente a la vida de su Iglesia.

En Gracia Soberana fundamentamos todas nuestras doctrinas y prácticas en la Palabra de Dios, y nuestros esfuerzos tienen la finalidad de proclamarla fielmente, con el fin de equipar a nuestros miembros para que sean transformados, crezcan, den fruto, y veamos el Reino de Dios avanzar para la Gloria de su Nombre.

Bienvenido a Gracia Soberana, nos da mucho gusto que estés interesado en nosotros, esperamos que nos des la oportunidad de servirte y ayudarte para que puedas conocer a Dios más profundamente y crecer como discípulo de su Hijo Jesucristo.

Te invitamos a que nos acompañes en alguno de nuestros servicios dominicales de 10.45 am a 1.30 pm, en los cuáles encontrarás un tiempo de alabanza y adoración con música contemporánea y una enseñanza basada en la sana doctrina de la Biblia.

Si tienes alguna pregunta o comentario por favor no dudes en escribirnos en la sección "Contacto" de nuestra página, para atenderte personalmente.

El evangelio es un mensaje que Dios nos ha enviado a toda la humanidad por medio de la vida, muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo.

Un mensaje que contiene las buenas noticias de que aún cuando, como seres humanos, hemos pecado y nos hemos rebelado1 en contra de un Dios Santo (lo cual nos hace merecedores de su ira y de un castigo eterno), Él nos sigue amando2 .Y que nos ama de tal manera, que envió a Su Hijo Jesús a morir en una Cruz para sufrir el castigo3 que nosotros merecemos por nuestros pecados, a fin de que pudiéramos ser totalmente perdonados4 y justificados delante de Él5.

El evangelio explica, que este maravilloso perdón, Dios nos lo ofrece gratuitamente6 por su asombrosa gracia y misericordia7 , y que lo obtenemos al arrepentirnos de nuestros pecados8 y poner toda nuestra fe en Cristo Jesús9 .Esto es, creyendo que Jesús realmente es el unigénito Hijo de Dios10 y que su muerte sustitutoria11 es suficiente para pagar por toda nuestra culpa y que es eficaz para salvarnos de la ira de Dios12.

La Biblia enseña, que el evangelio tiene la finalidad de llevarnos a Dios13.Es decir, de reconciliarnos con Él para que podamos disfrutar una relación íntima con Él, y por ende conocerlo, amarlo y glorificarlo.

  1. Rom 3.10-12
  2. Juan 3.16
  3. Isa 53.5
  4. Mat 26.26-28, Col 2.13-14
  5. Rom 4.25
  6. Rom 3.24
  7. Efe 2.4-5
  8. Mar 1.15
  9. Rom 3.21-26, Efe 2.8-9, Gal 2.16
  10. Juan 3.18
  11. Rom 5.6-8
  12. Rom 5.9
  13. 1 Ped 3.18

Carlos C. (Pastor Principal)

Uno de los pocos Juarenses que al igual que sus padres nacieron y siempre han vivido en Cd. Juárez, México. En marzo de 1978, a la edad de 19 años, fue radicalmente convertido a Cristo Jesús y se unió a un pequeño grupo de jóvenes Cristianos que en 1986 empezarían lo que hoy es la Iglesia Cristiana Gracia Soberana de Cd. Juárez. Graduado de Ingeniero Civil de la Universidad de Texas en El Paso, se dedicó al desarrollo y construcción industrial durante 9 años. En 1990 dejó el mundo empresarial para estudiar en el Colegio de Pastores de los Ministerios Gracia Soberana localizado en la ciudad de Gaithersburg, Maryland.

Fue ordenado como pastor en enero de 1995 y desde 1998 se desempeña como pastor principal del Equipo Pastoral de la iglesia que sirve. Está felizmente casado desde 1983 con Kena, quien ha sido el amor de su vida y con quien ha procreado 4 maravillosos hijos y ahora 2 hermosos nietos. Aparte de atesorar a su familia, considera el poder predicar las Escrituras el mayor privilegio que Cristo le ha concedido.

Abelardo M.(Pastor Asociado)

Fue convertido en un discípulo de Jesucristo a la edad de 22 años y decide en 1997 abandonar su trayectoria profesional, en el Tec de Monterrey, para dedicarse a los estudios Teológicos en el Colegio de Sovereign Grace Ministeries en Gaithersburg, Maryland.

A partir de 1998 regresa a Cd. Juárez para prestar sus servicios como pastor asistente en la Iglesia Gracia Soberana y es ordenado oficialmente como pastor en el 2003.

Actualmente es el responsable de los esfuerzos evangelísticos de la Iglesia, lleva la principal carga de consejería personal de la congregación e imparte diferentes cursos bíblicos durante el año dentro y fuera de la congregación.

Ricardo R.(Pastor Asociado)

Habiendo sido alcanzado en Cd. Juárez por el Señor a la edad de 20 años, formó parte de un grupo de jóvenes liderado por el pastor Roger Wolcott que después se convirtió en la Iglesia Castillo del Rey en la ciudad de Monterrey, Nuevo León.

En 1987 asiste al Colegio de Pastores de Sovereign Grace Ministries, y en 1990 se integra como pastor en la Iglesia Vista New Life en El Paso, Texas. Finalmente en 1997 se reubica a Cd. Juárez para servir como pastor asociado en la Iglesia Gracia Soberana, y actualmente cubre fielmente el ministerio de los Grupos de Casa de la Iglesia y funge como consejero matrimonial y familiar dentro y fuera de la Iglesia.

Alejandro A.(Pastor Asistente)

Tuvo un encuentro poderoso con Jesucristo a la edad de 18 años que transformó completamente la trayectoria de su vida. Se integró a Gracia Soberana en el año 2000 donde comenzó a crecer y a servir en diferentes ministerios.

Se graduó como Administrador de Empresas en el Tec de Monterrey y se dedicó a desarrollar su profesión por un lapso de 4 años. En el 2009 abandona su trayectoria profesional para irse a estudiar Teología al Colegio de Pastores de los Ministerios Gracia Soberana en EU.

En el 2010 se integró al equipo pastoral de Gracia Soberana como pastor asistente y actualmente es el responsable de pastorear a los jóvenes de la Iglesia. Su pasión es seguir contribuyendo a que Gracia Soberna siga madurando y glorificando a su Salvador.

Roberto E.(Pastor en Entrenamiento)

Nació en San Salvador, el Salvador en 1978. A los 17 años el Señor lo salvó radicalmente; su conversión se caracterizó desde un principio por un deseo de servir a Dios, y tuvo oportunidad de servir en la Iglesia Cimiento Estable como pastor de jóvenes y líder de alabanza. Se recibió como Licenciado en Administración de Empresas y ejerció su profesión en la ciudad de San Salvador por varios años.

En el 2010 recibió una invitación del Pastor Carlos Contreras, para seguirse entrenando para el ministerio, y fue así que en consentimiento con su iglesia local, decidió trasladarse a Ciudad Juárez e integrarse a la Iglesia Gracia Soberana como un interno en entrenamiento.

A partir del año 2013 fue integrado en el equipo pastoral como Pastor en Entrenamiento, y actualmente está encargado del Ministerio de Alabanza, el Ministerio de Niños, y la coordinación de los adolescentes de la Iglesia.

Aceptamos la Biblia como un registro esencial e infalible de la auto revelación de Dios a la humanidad. Sostenemos que las Escrituras deben interpretarse de acuerdo a su contexto y propósito original y en obediencia reverente a Dios quien habla a través de ellas con poder viviente. En este sentido, las Escrituras tienen autoridad y son suficientes para ser la guía y regla normativa para todo lo concerniente a la vida, la práctica y la doctrina Cristiana.

Creemos que hay un solo Dios: infinito, eterno, todopoderoso, y perfecto en santidad, verdad y amor. En la unidad de la Deidad hay tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, co-existentes, co-iguales, co-eternos. El Padre no es el Hijo, y el Hijo no es el Espíritu Santo, sin embargo, cada uno es verdaderamente Dios.

Dios el Padre es el Creador del cielo y de la tierra. Por Su palabra y para Su gloria, Él libremente y sobrenaturalmente creó el mundo de la nada. Él gobierna sobre todo, es el único Soberano, y sus planes y propósitos no pueden ser frustrados. Él es fiel en cumplir toda promesa, y en su gracia inmensurable dio a su Hijo, Jesucristo, para la redención de la humanidad. Él hizo al hombre para que tuviera comunión con Él mismo, y determinó que toda la creación debería vivir para la alabanza de Su gloria.

Jesucristo, el Unigénito Hijo de Dios, es el Verbo eterno encarnado, concebido sobrenaturalmente por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen María. Él es plenamente Dios y plenamente hombre. Por él todas las cosas llegaron a existir y fueron creadas. Él ya existía antes de todas las cosas y en Él todas las cosas se sostienen por la palabra de Su poder. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación, y en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Él es el único que puede salvar al mundo de sus pecados, habiendo derramado su sangre al morir una muerte vicaria en la cruz del Calvario. Por su muerte en nuestro lugar, Él reveló el amor divino y cumplió la justicia divina, quitando nuestra culpa y reconciliándonos con Dios. Habiendo pagado el precio de nuestra redención, al tercer día resucitó corporalmente de la tumba, victorioso sobre la muerte y los poderes de las tinieblas. Después, ascendió al cielo donde, a la diestra de Dios Padre, Él intercede por su pueblo y gobierna como Señor de todo. Él es la Cabeza de Su cuerpo, la Iglesia, y debiera ser adorado, amado, servido y obedecido por todos.

El Espíritu Santo, el Señor y Dador de vida, redarguye al mundo de pecado, justicia y juicio. A través de la proclamación del Evangelio, Él persuade a los hombres de que se arrepientan de sus pecados y confiesen a Jesús como Señor. Por este mismo Espíritu, las personas son guiadas a confiar en la misericordia divina. El Espíritu Santo produce el nuevo nacimiento, habita dentro de los que han sido regenerados y une a los creyentes a Cristo Jesús por medio de la fe. Él conducirá a la Iglesia a un entendimiento correcto y a una aplicación amplia de la verdad de la Palabra de Dios. Él ha de ser respetado, honrado y adorado como Dios la Tercera Persona de la Trinidad.

Dios hizo al hombre - varón y hembra – a su propia imagen, como la corona de la creación, para que el hombre pudiera tener comunión con Él. Tentado por Satanás, el hombre se rebeló contra Dios. Siendo apartado de su Hacedor, pero aún responsable ante Él, quedó expuesto a la ira divina, y vino a ser corrupto en su ser interior y, a menos que experimente una obra especial por gracia, es totalmente incapaz de regresar a Dios. Esta corrupción es radical e impregna todo su ser. Abarca su mente, su voluntad y sus afectos. El hombre no regenerado vive bajo el dominio del pecado y de Satanás, está enemistado con Dios y es hostil hacia Dios. Las personas caídas, pecaminosas, cualesquiera sean su carácter o sus logros están perdidos y sin esperanza a no ser que encuentren salvación en Cristo.

Jesucristo es el Evangelio. Las buenas nuevas son reveladas en Su nacimiento, vida, muerte, resurrección y ascensión. La crucifixión de Cristo es el corazón del Evangelio, su resurrección es el poder del evangelio, y su ascensión es la gloria del evangelio. La muerte de Cristo es el sacrificio sustitutorio y propiciatorio de Dios por nuestros pecados. Su sacrificio en la cruz satisface las demandas de la justicia santa de Dios y aplaca Su ira santa. Asimismo demuestra su misterioso amor y revela su asombrosa gracia. Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres pues no hay otro nombre por el cual los hombres puedan ser salvos.

La respuesta del hombre al Evangelio está arraigada y fundada en la libre e incondicional elección de Dios para Su propio deleite y gloria. También es verdad que el mensaje del Evangelio solo es eficaz para aquellos que se arrepienten genuinamente de sus pecados y que, por la gracia de Dios, responden con fe salvadora en Cristo. El arrepentimiento bíblico se caracteriza por una vida transformada, y la fe salvadora produce la evidencia de servicio al reino y obras dignas del reino de Dios. Mientras que ni el arrepentimiento ni las obras por sí mismas pueden salvar, a menos que alguien esté dispuesto a negarse a sí mismo, a tomar su cruz y seguir a Cristo, no podrá llegar a ser su discípulo.

La Salvación, el regalo gratuito de Dios, es concedida por gracia solamente, a través de la fe solamente, en Cristo solamente, para la gloria de Dios solamente. Cualquier persona que se aparte del pecado en arrepentimiento y ponga sus ojos en Cristo y su muerte sustitutoria, recibe el don de la vida eterna y es declarado justo por Dios como un regalo gratuito. La justicia de Cristo le es imputada a dicha persona y es declarada justa delante de Dios y totalmente aceptada por Él. Sólo a través del sacrificio expiatorio de Cristo por el pecado, una persona es reconciliada con Dios y se convierte en hijo de Dios.

El Espíritu Santo es el agente activo en nuestra santificación y produce Su fruto en nosotros a medida que nuestras mentes son renovadas y somos conformados a la imagen de Cristo. Aunque el pecado que mora en nosotros continúa siendo una realidad, al ser guiados por el Espíritu crecemos en el conocimiento del Señor, cumpliendo libremente Sus mandamientos. Las disciplinas espirituales, en especial el estudio de la Biblia, la oración, la adoración y la confesión, son medios de gracia vitales para dicho propósito. Todos los creyentes son exhortados a perseverar en la fe, sabiendo que darán cuentas a Dios por cada pensamiento, palabra y obra. Sin embargo, la confianza suprema del creyente de que podrá perseverar, está basada en la promesa segura de que Dios mismo preservará a su pueblo hasta el final.

Además de efectuar la regeneración y la santificación, el Espíritu Santo confiere poder a los creyentes para el testimonio y servicio cristianos. Aunque el Espíritu Santo viene a morar en todo creyente genuino desde el momento de su conversión, el Nuevo Testamento también enseña la importancia de una obra continua de impartición de poder por parte del Espíritu, posterior a la conversión. Ser morada del Espíritu Santo y ser lleno del Espíritu Santo son experiencias teológicamente distintas. El Espíritu Santo desea llenar a cada creyente continuamente con mayor poder para la vida y el testimonio cristianos, e imparte sus dones sobrenaturales para la edificación del Cuerpo de Cristo y para diferentes obras de ministerio alrededor del mundo. Todos los dones del Espíritu Santo que se manifestaron en la iglesia del primer siglo siguen disponibles en nuestros días, son vitales para la misión de la iglesia y deben ser fervientemente anhelados y practicados.

Dios por medio de su Palabra y de su Espíritu crea la Iglesia, llamando a pecadores de entre toda la raza humana a la comunión en el Cuerpo de Cristo. Por esa misma Palabra y Espíritu, Dios guía y preserva a esa nueva humanidad redimida. La Iglesia no es una institución o denominación religiosa. Más bien, la Iglesia universal está compuesta por aquellos que se han convertido en genuinos seguidores de Jesucristo y que se han apropiado personalmente del Evangelio. La Iglesia existe para alabar y glorificar a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. También existe para servirlo a Él haciendo Su voluntad fielmente en la tierra. Esto implica el compromiso de que el Evangelio sea predicado e iglesias sean plantadas en todo el mundo como un testimonio. Luego de su conversión, los hombres y mujeres que han sido redimidos son añadidos a una iglesia local en la cual ellos se consagran a la enseñanza, la comunión, la Cena del Señor, y la oración.

El Cristo ascendido ha concedido dones de ministerio a la iglesia (incluyendo apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros) para la edificación del cuerpo de Cristo, a fin de que madure y crezca. A través de estos dones de ministerio, todos los miembros de la iglesia han de ser alimentados y equipados para la obra del ministerio. El liderazgo en la Iglesia es masculino, y en el contexto de la iglesia local, el pueblo de Dios recibe cuidado, dirección pastoral y la oportunidad de usar sus dones dados por Dios para Su servicio, el cual consiste en servirse los unos a los otros y al mundo.

El bautismo en agua es solo para aquellos que han recibido el beneficio salvador de la obra expiatoria de Cristo y que así han venido a ser Sus discípulos. Por tanto, en obediencia al mandato de Cristo, y como testimonio ante Dios, la Iglesia, uno mismo y el mundo, todo creyente debe ser sumergido en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El bautismo en agua es una demostración visual de la unión de una persona con Cristo en la semejanza de su muerte y resurrección. Significa que ha sepultado o dado muerte a su antigua manera de vivir, y representa vívidamente en dicha persona, su liberación del dominio del pecado.

Al igual que con el bautismo en agua, en la Cena del Señor han de participar solamente aquellos que se han convertido en seguidores genuinos de Cristo. Esta ordenanza simboliza el quebranto del cuerpo de Cristo y el derramamiento de Su sangre por nosotros y ha de ser observada repetidamente a lo largo de la vida cristiana como una señal de nuestra participación continua en los beneficios expiatorios de la muerte de Cristo. Al participar de la cena del Señor con una actitud de fe e introspección, recordamos y proclamamos la muerte de Cristo, recibimos sustento espiritual para nuestras almas, y denota nuestra unidad con otros miembros del cuerpo de Cristo.

La Consumación de todas las cosas incluye el glorioso regreso personal y visible de Jesucristo, la resurrección de los muertos y el traslado de aquellos vivos en Cristo, el juicio de los justos y los impíos y el cumplimiento del Reino de Cristo en los cielos nuevos y la tierra nueva. En la Consumación, Satanás con sus huestes y con todos aquellos que no estén en Cristo serán finalmente separados de la benevolente presencia de Dios, sufriendo el castigo eterno, pero los justos en cuerpos gloriosos vivirán y reinarán con Él para siempre. Casada con Cristo como su legítima Esposa, la Iglesia estará en la presencia de Dios para siempre, sirviéndole y dándole alabanza y gloria interminables. Entonces, la anhelante expectación de la creación será consumada, y toda la tierra proclamará la gloria de Dios que hace todas las cosas nuevas.

En 1976 un pequeño grupo de jóvenes liderados por Poncho Murguía comenzaron a reunirse a estudiar la Palabra de Dios en el parque de la colonia Monumental en Ciudad Juárez, Chihuahua, México.Ellos buscaban simplemente conocer a Dios y agradecerle por su asombrosa gracia y misericordia.

Continuaron reuniéndose ahí cada semana por 4 años formando así el grupo “Sin Nombre”.Y en 1980 fueron envisionados por Dios para formar una Iglesia que siguiera el patrón del Nuevo Testamento; por lo que se dieron a la tarea de buscar una afiliación a un ministerio sólido y establecido.

Con el paso del tiempo fueron creciendo en número lo que los llevó a reunirse en diferentes lugares de la ciudad hasta que construyeron su primer edificio en la avenida Plutarco E.Calles, y en 1986 se constituyeron oficialmente como Iglesia llamándose Centro Comunidad Cristiana.Eran jóvenes, eran pocos, no sabían muchas cosas, pero estaban seguros de que Jesús había muerto por ellos en la Cruz y anhelaban seguir su voluntad según Dios la había revelado en la Biblia.

Providencialmente en ese tiempo, conocieron a una familia de iglesias llamada People of Destiny (ahora Sovereign Grace Ministries), y fueron atraídos a ella por su centralidad en el evangelio, su pasión por la sana doctrina, su apertura al ministerio del Espíritu Santo y su compromiso de plantar y fortalecer Iglesias locales.Impactados fuertemente por este ministerio se integraron formalmente a él en 1988.

En 1998 hubo una transición en el equipo de liderazgo de la Iglesia, y a partir del verano de ese año, Carlos Contreras empezó a funcionar como el pastor principal de la Iglesia.Después de esto, en 1999, Dios generosamente les provee, por medio de una donación, de un terreno de 3 hectáreas en el parque Industrial Bermúdez donde se construyeron las instalaciones actuales que albergan a la Iglesia y a su ministerio educativo, el Instituto Visión México (www.ivmcj.edu.mx).

En el año 2005, la Iglesia cambió su nombre a Iglesia Gracia Soberana de Cd.Juárez y por la gracia de Dios, continúa hasta el día de hoy siendo una Iglesia centrada en el asombroso evangelio de Jesucristo, siguiendo el patrón del Nuevo Testamento, comprometida con la sana doctrina, plantando y fortaleciendo Iglesias en diferentes partes de México y Latinoamérica y proclamando semana tras semana, las buenas nuevas de que Jesús, el Hijo de Dios, vino al mundo a morir en una Cruz para que el hombre tuviera la oportunidad de ser perdonado de sus pecados y de reconciliarse con Dios.